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jueves, 31 de octubre de 2019

10 cosas que debes saber sobre los Santos




Los Santos son nuestros amigos del Cielo y hay cosas que debes saber sobre ellos. La Iglesia se divide en tres partes, pero todas ellas pertenecientes a la misma familia de Dios: la Iglesia Triunfante (los santos en el cielo), la Iglesia militante (los soldados que viven en la tierra, luchando por su salvación), y, por último, la Iglesia Purgante (es decir las almas del Purgatorio, que ya son santas, pero necesitadas de purificación para alcanzar el Cielo).
Este artículo se centrará en la iglesia triunfante, los santos del cielo que han triunfado victoriosamente sobre sus tres principales enemigos: el diablo y sus mentiras, el mundo y sus seducciones, y la carne y sus imperiosos deseos.

Cosas que debes saber sobre los Santos

Las siguientes son diez ideas precisas acerca de las más cautivadoras, heroicas, atractivas, alegres y tremendas personas que anduvieron en nuestra tierra y ahora son residentes permanentes del cielo, amigos de Dios y también amigos nuestros: Los Santos.
Sin ningún orden en particular te contamos ahora las cosas que debes saber sobre los santos que quizás no conocías.

1. Los Santos NO nacieron santos.

Un error algo frecuente es creer que los santos en realidad nacieron santos. Nada podría estar más lejos de la verdad.

Todos los santos fueron concebidos y nacieron con el pecado original, con malas tendencias e inclinaciones que debieron superar y dominar dependiendo de sus propios esfuerzos, pero sobre todo de la gracia de Dios.

De hecho algunos de los grandes santos habían vivido vidas pasadas muy pecaminosas antes de su conversión, por nombrar algunos: el buen ladrón, María Magdalena, San Agustín, San Ignacio de Loyola, Santa María de Egipto, y Santa Margarita de Cortona (conocido como la "Segunda Magdalena").

2. Tú también estás llamado a ser Santo.

A menudo, cuando enseño a los niños de Confirmación les pregunto cuántos de ellos quieren ser santos, y la mayoría de las veces ninguno levanta la mano.

Entonces les pregunto cuántos quieren evitar el infierno e ir al cielo y todos levantan las manos. Luego les explico que en el cielo están Dios Trino (La Santísima Trinidad), La Santísima Virgen María, los ángeles y los santos. Por lo tanto, para ir al cielo tienen que convertirse en santos.

3. Jesús nos ordenó ser santos.

Escucha las palabras de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que es nuestro modelo y especialmente en la santidad de la vida:

"Sean santos como vuestro Padre celestial es santo" (Mateo 5,48)
Gramaticalmente el tiempo verbal es el imperativo, lo que significa que se trata de una orden de Dios mismo.

Si Dios nos manda a hacer algo, entonces Él nos dará la gracia suficiente para llevarlo a cabo. Dios nunca manda lo imposible, pero siempre nos da la gracia suficiente. Jesús dijo a San Pablo:
"Te basta mi gracia".

Santa Teresa de Calcuta expresa esta verdad de manera sucinta:
"La santidad no es el privilegio de unos pocos, sino el deber de todos."

El capítulo V de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, es "La llamada universal a la santidad". Esta es una lectura obligada para todos los que verdaderamente desean ser santos. Te invito a leerla.

4. Los Santos vienen de todas partes,

La santidad no se limita a un solo tiempo, lugar, cultura o grupo étnico. La santidad está abierta a todos; más bien, la santidad es un mandato de Jesús para todos.
Revisa una antología de santos y encontrarás los más diversos orígenes y experiencias. Algunas son monjas; otros son sacerdotes, obispos o el Papa.

Otros son parejas casadas, como en el caso de los padres de Santa Teresita de Lisieux, Santos Luis y Celia Martin. Otros han abrazado la vocación de solteros laicos como Giuseppe Moscati y el Beato Giorgio Frassati. Algunos han muerto muy jóvenes como Domingo Savio (14 años) y María Goretti (11 años).

Luego están los que han tenido vidas largas, San Alfonso vivió alrededor de noventa años; San Antonio del desierto, así como San Juan Evangelista vivieron más de cien años. Algunos murieron por enfermedades y muchos fueron mártires.

Por lo tanto, la santidad trasciende el tiempo, el lugar, la cultura, el género, la formación intelectual o la falta de ella. ¡Todos estamos llamados a ser santos y todos hemos recibido la gracia para llegar a serlo!

5. Los santos y la Iglesia triunfante.

Los santos pueden ser clasificados como miembros de la Iglesia Triunfante. Ellos han peleado la buena batalla y han corrido la buena carrera y ahora están en el cielo coronados por Dios, victoriosos por haber conquistado al pecado en sus vidas y por haberse entregado y confiado en la gracia infinita de Dios y su misericordia insondable.

Jesús le dijo a Santa Faustina que los peores de todos los pecadores pueden ser los más grandes santos si simplemente confían en la misericordia infinita de Dios.

Celebramos el día de su fiesta todos los años el 1 de noviembre, la solemnidad de Todos los Santos.

6. Los Santos pueden interceder por nosotros.

Los santos nos pueden ayudar de muchas maneras. Sin embargo, dos aspectos de su presencia pueden ayudarnos sin medida.

En primer lugar, su poder de intercesión. Los santos pueden interceder por nosotros ante el trono de Dios y alcanzar de Dios para nosotros gracias necesarias para ayudarnos a evitar el pecado y practicar la virtud, para que podamos llegar a donde ahora están ellos en el Reino de los Cielos, la Casa del Padre Eterno.

En segundo lugar, los santos nos dejan con sus vidas un ejemplo poderoso que tenemos el reto de imitar en nuestras propias vidas. Los ejemplos santos nos cautivan y atraen casi magnéticamente.

¿Con qué frecuencia los santos han sido inspirados a seguir en el camino exigente de la santidad por las vidas de los santos que vivieron antes que ellos?

Un ejemplo perfecto es San Ignacio de Loyola que mientras se recuperaba de un disparo en las piernas por una bala de cañón en la batalla de Pamplona comenzó a leer la vida de los santos. Él estalló en un grito de entusiasmo: "Si Francisco pudo hacerlo, ¡yo también puedo!" Luego, "Si Domingo pudo hacerlo, entonces yo también puedo"

San Ignacio de Loyola se inspiró para convertirse en un gran santo a través de la lectura de las vidas de estos hombres y mujeres de Dios que vivieron santamente antes que él.

7. Lee la vida de los santos.

Por lo tanto, puede ser un enorme estímulo y motivación para todos nosotros el leer las vidas de los santos. Esto alimentará nuestros motores y nos dará abundantes elementos de reflexión sobre el camino que debemos emprender para llegar a la virtud heroica y a la santidad, a convertirnos en los santos que Dios nos ha llamado a ser.

¿Por qué no comprar el libro de la vida de un santo que te llame la atención o un texto que tenga un breve resumen de varias vidas de los santos y leer unos minutos cada noche antes de retirarte a dormir?

8. Las cualidades de los Santos.

Cuando el Santo Padre canoniza oficialmente a un santo, después que se han presentado los milagros requeridos luego de la muerte del santo (normalmente tres), el Papa está diciendo que esta persona practicó la virtud heroica.

A pesar del pecado original y, posiblemente, un pasado pecaminoso, el santo ha decidido abandonar el pecado y luchar contra éste. Pero aún más importante, el santo ha decidido con la ayuda de la gracia de Dios, practicar la virtud, y aún más, la virtud heroica.
En concreto, esto significa que él practica la virtud en su vida diaria constantemente; no a tropezones o sólo cuando le da la gana.

¡No! Hay una vida constante de virtud heroica, la práctica de las virtudes que reflejan la santidad de vida. ¿Qué virtudes puedes pedir? ¡TODAS! La fe, la esperanza, el amor, la paciencia, la pureza, la humildad, la obediencia, la penitencia y la mortificación, la fortaleza, el espíritu de oración y la misericordia, y muchas otras virtudes...

9. La alegría de los Santos.

Uno de los signos más evidentes de la presencia de Dios en nuestras vidas es el GOZO. San Pablo en su carta a los Filipenses nos exhorta con estas palabras:
"Alégrense siempre en el Señor. Insisto ¡Alégrense!" (Fil 4, 4)

Los santos no son de cara triste, taciturnos, caprichosos, amargados, o como dice el Papa Francisco: "Rostros de funeral" o "Cara de vinagre". Por el contrario, los santos están llenos del Espíritu Santo y se desbordan de efusiva alegría.

La alegría es uno de los frutos más claros y evidentes de la acción y operación del Espíritu Santo en las vidas de los santos.

10. María es la Reina de todos los Santos.

La Virgen es la Reina de todos los santos. Nuestra Señora es la mayor y más grande de todos los santos.

Es muy difícil encontrar cualquier santo que no tuviese un entregado, ferviente, tierno y ardiente amor y devoción por la Virgen. Sus oraciones y ejemplo han motivado a muchos hombres y mujeres a seguir el camino de la santidad. Por eso le decimos:

"Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

Que las oraciones dirigidas a Nuestra Señora nos animen a convertirnos en grandes santos a partir de ahora.

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